lunes, 30 de mayo de 2011

Cita de la semana








El sastre

" Desde que estoy aquí vivo en un sueño del orden. Nadie crítica mi conducta desmedida. Al contrario, entre los presidiarios soy una persona encantadora, mi inteligencia es extraordinaria. Soy una autoridad literaria, escribo las cartas de los vigilantes. Todo el mundo me admira. Yo, que en el mundo de los justos era un mediocre, en el de los injustos soy un verdadero genio moral, un intelectual de altos vuelos. No hago nada por dinero, sino por alabanza y autoadmiración. Trabajo otra vez como sastre. Ah, la vida espléndida del trabajo, mi alma es una aguja finísima, vuela horas enteras, entra y sale por semanas, zumba como una abeja diligente. Y en mi cabeza hay tan poco como adentro de una tumba, y las abejas zumban. "


Robert Musil

jueves, 26 de mayo de 2011

Cita de la semana








El hombrecito del azulejo


" El niño lo llama al despertarse, y arrastra a la gata gruñona para que lo salude. Martinito es el compañero de su soledad. Daniel se acurruca en el suelo junto a él y le habla durante horas, mientras la sombra teje en el suelo la minuciosa telaraña de la cancela, recortando sus orlas y paneles y sus finos elementos vegetales, con la medialuna del montante donde hay una pequeña lira. Martinito, agradecido a quien comparte su aislamiento, le escucha desde su silencio azul, mientras las pardas van y vienen, descalzas, por el zaguán y por el patio que en verano huele a jazmines del país y en invierno, sutilmente, al sahumerio encendido en el brasero de la sala. Pero ahora el niño está enfermo, muy enfermo. Ya lo declararon al salir los doctores de barba rubia. Y la Muerte espera en el brocal. El hombrecito se asoma desde su escondite y la espía. En el patio lunado, donde las macetas tienen la lividez de los espectros, y los hierros del aljibe se levantan como una extraña fuente imnóvil..."


Manuel Mujica Lainez.

lunes, 16 de mayo de 2011

Cita de la semana

"El dinosaurio".


"Cuando  despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".


 Augusto Monterroso.



lunes, 9 de mayo de 2011

Cita de la semana








Balada de mi nombre 



"El nombre mío que he perdido,


¿dónde vive, dónde prospera?

Nombre de infancia, gota de leche,

rama de mirto tan ligera.



De no llevarme iba dichoso

o de llevar mi adolescencia

y con él ya no camino

por campos y por praderas.



Llanto mío no conoce

y no la quemó mi salmuera;

cabellos blancos no me ha visto,

ni mi boca con acidia,

y no me habla si me encuentra.



Pero me cuentan que camina

por las quiebras de mi montaña

tarde a la tarde silencioso

y sin mi cuerpo y vuelto mi alma".




Gabriela Mistral.








martes, 3 de mayo de 2011

Cita de la semana




La montaña mágica  (fragmento)

"Actualizadas y explicadas en palabras, sus impresiones se podían resumir del modo siguiente: la muerte era de una naturaleza piadosa, significativa y tristemente bella, es decir, espiritual;pero, al mismo tiempo, también poseía una segunda naturaleza, casi contraria, muy física y material que, desde luego, no se podía considerar bella, ni significativa, ni pìadosa, ni siquiera triste. La naturaleza solemne y espiritual se expresaba en la suntuosa mortaja y ataúd del difunto, las magníficas flores y las palmas que, como se sabe, significaban la paz celestial; además, y más claramente todavía, en el crucifijo entre los fríos dedos de lo que fuera el abuelo, en la figura del Cristo bendiciendo de Thorwaldsen, que se hallaba en la cabecera del féretro, y en los dos candelabros que se alzaban a ambos lados, los cuales, en aquella ocasión, habían adquirido igualmente un carácter sacro. Todas aquellas disposiciones claramente hallaban su sentido y su buen fin en la idea de que el abuelo había adoptado su forma definitiva y verdadera para siempre. Pero además, como muy bien captó el pequeño Hans Castorp, aunque no quiso reconocerlo, todo aquello, y especialmente a su vez, la enorme cantidad de flores (y, entre éstas, en particula de nardos) tenía otro sentido y otro fin más prosaico: mitigar ese otro aspecto de la muerte que no es ni bello ni realmente triste, sino más bien casi indecente, bajo, indignamente físico; hacer olvidar o impedir tomar conciencia de la muerte".

Thomas Mann.